¿Por qué nos cuesta tanto elegir qué ponernos?

asesoria de imagen personal y corporativa
Antes de arrancar la lectura, piensa tu respuesta a la siguiente pregunta y anótala en un papel: ¿Cuánto tardas en elegir tu look del día?

 

Hay quienes dejan la ropa preparada la noche anterior y hay quienes improvisan por la mañana. Sea cual sea la fórmula que apliquemos dedicamos un tiempo a pensar qué nos vamos a poner para salir de casa y en muchas ocasiones éste nos parece excesivo.

Es bastante normal que la gente comparta conmigo reflexiones sobre la vestimenta y cuando me dicen que les cuesta mucho decidir qué ponerse, suelo preguntar cuánto tiempo dedican a decidirlo.

Las respuestas me resultan bien curiosas pues las cifras son muy variadas. O sea, para algunos demasiado tiempo son 10 minutos y para otros la alarma no salta hasta pasados los 30. Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones siento que las personas contestan una cifra al azar, o sea, que no saben realmente cuánto tiempo le dedican.

La cuestión es que, sea el tiempo que sea el que le dedican, les provoca malestar. Así que el asunto no tiene tanto que ver con la cantidad de tiempo sino con la percepción que cada persona tiene sobre su propio tiempo y sobre el tiempo dedicado a esa tarea en particular.

 

¿Cuál es el motivo de tanta duda?

 

Lo que sucede, bajo mi punto de vista, en este tiempo de indecisión, es una interesante conversación entre lo que somos de manera auténtica, y lo que desearíamos ser, lo que desearíamos que los otros vieran en nosotros, lo qué querríamos proyectar… Es decir, vivimos los dilemas que tienen nuestro yo real y nuestro yo ideal.

Ambos existen y cada uno tiene su función y su buena intención. Acercarlos y llevarlos al entendimiento requiere de cierto trabajo, el necesario para reducir estos tiempos que nos parecen excesivos hasta que nos parezcan razonables. Así pues, como podrás adivinar la clave para conseguirlo está en indagar sobre nuestra imagen real e imagen ideal.

 

¿Qué es el yo real y el yo ideal?

 

Como os decía, los dos tienen su función y eso es lo primero de lo que quiero hablaros:

El yo real es lo que somos en este preciso momento, con nuestras ideas, genialidades, capacidades y también con nuestros errores e imperfecciones. Son nuestros pensamientos racionales e irracionales. Nuestros aciertos aplaudidos y nuestras meteduras de pata. Es lo que dicen de nosotros.

Nos sitúa en el presente, en el aquí y en el ahora y nos viene muy bien para ser conscientes de quienes somos y no enfocarnos en el pasado ni angustiarnos por el futuro. Es el que nos revela el punto de partida. Es el origen y la fuente desde la cual hacernos realidad.

El yo ideal es lo que queremos llegar a ser, nuestras aspiraciones, sueños y deseos. Son nuestras cualidades llevadas al máximo. Son las metas que nos marcamos, las que nos marcan y con las que nos comparamos. Es lo que nos gustaría oír de nosotros mismos.

Nos sitúa en el futuro, sin embargo, tiene su origen en el pasado, en nuestra educación, en las expectativas que tiene nuestro entorno sobre nosotros y en nuestras propias expectativas pendientes de cumplirse. Contiene, como decía antes, deseos y sueños, pero también los “debería”.

Es especialmente importante distinguir los deseos que son realmente nuestros, de los deseos que son de otros y que hemos asumido como propios. Solo así, sabremos cuando el yo ideal nos potencia porqué nos ayuda a crecer y desarrollarnos en nuestra mejor versión o nos limita porqué nos hace avanzar por un camino que realmente no nos va a satisfacer.

Nuestro yo real tiene capacidad de acción, de cambio y de resolución por sí solo y el yo ideal lo complementa indicándole hacia dónde ir para crecer, desarrollarse y expandirse.

 

La relación será positiva siempre y cuando el yo ideal tenga que ver con nosotros mismos, y no se haya construido para responder a lo que los otros desean de nosotros o esté proyectando algo que realmente todavía no somos.

El yo real nos provoca satisfacción cuando valoramos todo lo que contiene, cuando somos valorados y queridos por lo que somos. Es cuando nos enfocamos en los defectos y en los errores, en lo que nos falta y no en lo que ya tenemos, cuando el yo real nos provoca insatisfacción.

Reconocer nuestro yo real no supone un esfuerzo, pero sí cierta valentía pues es un ejercicio de transparencia porqué asumimos nuestras capacidades, nuestras habilidades y también nuestros defectos y limitaciones. En cualquier caso, cuando no ocultamos nuestro yo real y nos mostramos como realmente somos, hacemos un ejercicio de auténtico fortalecimiento de la autoestima.

El yo ideal nos hace bien cuando nos enfoca a estirar nuestro potencial, cuando nos hace avanzar hacia lo que podemos llegar a ser. En cambio, nos frustra cuando nos enfoca hacia algo irrealizable e inalcanzable o hacia algo que realmente no conecta con nosotros mismos. En estas ocasiones el yo ideal puede generar frustración (por no lograr lo que deseamos o desean) y repercutir en una baja autoestima y la culpa.

¿Te suena todo esto?
¿Cuál es tu imagen real?
¿En qué entornos aflora y con qué gente?
¿Cuál es tu imagen ideal? ¿Qué anhela? ¿Qué persigue?
¿Esos deseos son tuyos, o se los has “comprado” a alguien?
¿Y cómo se muestran tu imagen real y tu imagen ideal, cómo se visten, qué apariencia tienen?

 

Si, si, la imagen real e ideal también tienen una forma de expresarse externamente.

Las dos facetas del yo real y el yo ideal no solo se pueden ver, también se pueden calmar o potenciar con la estética, así que podemos desarrollarnos a través del estilo.

 

¿Cómo empezar a reducir los tiempos?

 

Existen 7 estilos universales y cada uno de ellos puede ejercer un efecto potenciador o limitante en nosotros. Conocerlos, aunque sea por encima, nos ayudará a ver qué yo (real o ideal) está queriendo expresarse y de qué manera, es decir, si se manifiesta para enfocarnos en lo positivo y para ayudarnos a desarrollarnos, o se manifiesta para ocultarnos, limitándonos y enfocándonos en lo negativo.

Así pues, te invito a seguir los siguientes pasos:

  1. Describe tu yo real. Toma conciencia sobre tus capacidades, tus habilidades, tus imperfecciones, tus pensamientos. Define quién eres tú ahora.
  2. Describe tu yo ideal. Toma conciencia sobre qué deseos y sueños tienes, qué quieres ser, cuales son tus metas reales y cuáles has “comprado” a otros en algún momento. Define quien quieres ser.
  3. Identifica con qué estilos aflora tu yo real limitante y con cuales tu yo real potenciador. Y lo mismo con tu yo ideal. Lo podrás hacer en los siguientes posts del blog en los que te descubriré cada uno de los 7 estilos universales.
  4. Un paso más: con qué colores, estampados, formas, tejidos, combinaciones, complementos emergen cada uno de ellos y decide tú, desde la consciencia, sabiendo quién eres y qué es lo que realmente deseas, qué quieres expresar cada mañana.

 

Confieso que…

 

Mi yo real perezoso aflora con el estilo natural, a la vez que éste potencia mi naturalidad, nunca mejor dicho, mi sentido común y mi autenticidad. Me libera de artificios y complicaciones así que lo mío con el estilo natural es un auténtico ejercicio de equilibrio, cuando me pide que me quede en pijama o tire de chándal para andar por casa en invierno “hablo con él” para que entienda que todo va a ir mejor en vaqueros, algodón y una buena prenda de punto.

Mi yo ideal perfecto aflora con el estilo elegante, me ahoga y es realmente difícil para mi mantenerme en la excelencia y no volcarme en la exigencia. Líneas limpias, rectas, pulidas, tienen permiso en mi armario, siempre y cuando el estilo creativo las pueda acompañar de cerca con tamaños y colores fuera de lo común.

 

Espero que empieces con este ejercicio de reflexión y espero verte en las siguientes entregas para descubrir los 7 estilos universales.

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